AMATELA: Una Historia de Incidencia y Conservación en la Bahía de Tela
- 28 feb
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Actualizado: 6 abr

A inicios de la década de 2010, la Bahía de Tela era conocida por su belleza natural y por albergar uno de los sistemas arrecifales coralinos más singulares del Caribe hondureño. Bajo sus aguas convivían arrecifes, pastos marinos y manglares que sustentaban una gran diversidad de especies marinas. Pero, a pesar de su importancia ecológica, estos ecosistemas carecían de una protección formal que garantizara su conservación a largo plazo. Fue entonces cuando un grupo de personas decidió actuar.
El nacimiento de una causa
En 2012 surgió la Asociación Amigos de los Arrecifes de Tela (AMATELA). No nació como una gran organización ni como un proyecto institucional. Surgió de algo más simple y poderoso: un grupo de amigos, científicos y personas comprometidas con el mar, que compartían la preocupación por el futuro de los arrecifes de la Bahía de Tela.
Entre conversaciones, investigaciones y encuentros, comenzó a tomar forma una idea clara: la bahía necesitaba protección legal. Así inició un proceso de incidencia que buscaba generar cambios en la política ambiental y lograr que las autoridades reconocieran oficialmente el valor ecológico de este ecosistema.

Un primer paso hacia la protección
El trabajo constante de AMATELA pronto empezó a dar resultados.
Gracias a la presión positiva y a la incidencia de sus socios, la Corporación Municipal de Tela aprobó el 24 de febrero de 2012 una ordenanza para la protección de la vida silvestre dentro de los límites de la Bahía de Tela.
Aunque era un paso inicial, representaba algo histórico: por primera vez, el gobierno local reconocía la necesidad de proteger los ecosistemas marinos de la bahía.
Este logro marcó el comienzo de un camino más amplio hacia la conservación.
El reconocimiento del sistema arrecifal
Los años siguientes estuvieron marcados por la persistencia. AMATELA continuó promoviendo la importancia científica y ecológica del sistema arrecifal de Tela, buscando que el reconocimiento trascendiera el ámbito municipal.
En 2014, ese esfuerzo se materializó en un nuevo avance. El Instituto de Conservación Forestal (ICF) aprobó el Acuerdo Ministerial No. 001-2014, mediante el cual la zona fue declarada Sitio de Importancia para la Vida Silvestre Sistema Arrecifal Coralino de Tela.
El decreto fue publicado en el Diario Oficial “La Gaceta” el 3 de febrero de 2014, consolidando oficialmente el valor ecológico del área y fortaleciendo su marco de protección.
Un esfuerzo colectivo por el mar
La historia de la Bahía de Tela demuestra que la conservación no ocurre de manera aislada. Requiere alianzas, conocimiento científico y la participación activa de quienes viven cerca del mar.
En 2017, AMATELA trabajó junto con el CIAT (Comité Interinstitucional del Ambiente y Áreas Protegidas de Tela) y las comunidades locales para impulsar un paso aún más significativo: la creación de un área protegida marina.
Este proceso culminó con la declaratoria del Refugio de Vida Silvestre Marino Bahía de Tela (RVSMBT), oficializada mediante el Acuerdo Ministerial No. 132-2017, publicado en el Diario Oficial “La Gaceta” el 4 de mayo de 2018.
Con esta designación, la Bahía de Tela obtuvo una figura de protección que permite fortalecer la gestión y conservación de sus ecosistemas marinos.
Una historia que continúa
La historia de AMATELA es un recordatorio de que la conservación muchas veces comienza con una pequeña comunidad de personas que se niegan a permanecer en silencio.
Lo que inició como un grupo de amigos preocupados por el futuro de los arrecifes de Tela se transformó en un movimiento de incidencia que logró cambios concretos en la protección ambiental de Honduras.
Hoy, los arrecifes de la Bahía de Tela cuentan con una mayor protección gracias a esa visión colectiva.
Y esa historia continúa escribiéndose cada día, con el mismo propósito que inspiró su origen: proteger el mar y los ecosistemas que hacen de Tela un lugar único.



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